Caminar, vestirse, abrir una botella, cargar una bolsa o hasta sacar dinero de un cajero automático pueden resultar tareas fáciles para cualquier persona, cualquiera que no haya sufrido un infarto cerebral. Pero quienes experimentan, bien una hemorragia o una isquemia (falta de circulación sanguínea) cerebral, frecuentemente sufren daños al cerebro que resultan en impedimentos serios en sus actividades cotidianas.
Un evento de ese tipo puede afectar casi cualquier parte del cuerpo, dependiendo de qué tipo de ataque sea y de dónde ha tenido lugar", dice Bradley M. Aiken, fisiatra y director médico del Baptist Rehabilitation Center de Miami. "El cerebro controla casi todo el cuerpo".
El daño que ocurre en un lado del cerebro, afecta el lado contrario del cuerpo, lo que se manifiesta en brazos y piernas y hasta en el rostro, y otros daños también pueden tener lugar, como al habla, la vista y la capacidad de percepción, comprensión y cálculo.
Hasta hace poco esto podía condenar a la persona a una vida dependiente de otros y aislada. Sin embargo, gracias al desarrollo de la fisioterapia, ahora son muchos los recursos disponibles para ayudar a estos pacientes.
"El cerebro tiene una capacidad llamada 'neuroplasticidad', que es básicamente la posibilidad de reestructurar las funciones de las partes del cerebro dañadas por las partes no dañadas del mismo, que asumen esas funciones", resalta Aiken. ¿Cómo? Con movimientos altamente repetitivos "que permiten activar ciertas partes del cerebro a fin de que la persona que ha sufrido un infarto cerebral pueda controlar los músculos que no podía controlar antes".Un buen programa de rehabilitación implica terapia física para fortalecer las piernas y ayudarle con el andar, terapia del habla -si esa área fue afectada-, terapia ocupacional para ayudarles en aspectos como la capacidad de vestirse y hasta terapia recreacional. "La gente piensa pocas veces en que la capacidad de la persona para participar en actividades de recreación de la que siempre ha disfrutado, también puede verse afectada", cuenta Aiken. Pero, sin duda, donde más se reflejan las consecuencias de un infarto cerebral es en las extremidades, pues sus impedimentos afectan también más la calidad de vida cotidiana del paciente. Una persona que no puede caminar está confinada a una cama, o una silla en su hogar, y si no puede mover bien los brazos tendrá dificultades para vestirse, bañarse e incluso comer sola. De ahí que cualquier programa de rehabilitación ponga especial hincapié en la recuperación de las extremidades.
Es en ese campo donde ahora los robots -en este caso para los brazos- también han venido a aportar avances considerables. "La ventaja principal es que permiten la repetición de una forma en que nunca podría lograrlo un fisioterapeuta. Por lo general se realizan 1,000 repeticiones por sesión", dice Darcie García, terapeuta ocupacional de Baptist Hospital of Miami quien utiliza rutinariamente los robots para el hombro y codo y para la muñeca dentro del programa ambulatorio de rehabilitación de ese nosocomio. "Además, interactúa con el paciente, de forma que si este no tiene movimiento en el área, el robot realiza el movimiento por él o ella, y a medida que va desarrollando capacidad propia el robot le va ayudando menos".
Uno de los aspectos más sorprendentes de estos robots es que también permiten la rehabilitación de brazos de personas que han sufrido un infarto cerebral cinco ¡y hasta 10 años atrás!
"Si la persona tuvo el infarto hace años la terapia adecuada son programas cortos con los robots de 3 a 6 semanas, dependiendo de su tolerancia,", enfatiza Aiken. "El protocolo estándar dicta 10 mil repeticiones a lo largo de un tratamiento.". Sin embargo, advierte: "Creo que alguien que ha tenido un derrame hace mucho tiene que comprender que hay buena posibilidad de que los robots le ayuden, pero que los cambios probablemente no serán dramáticos".
Síntomas de infarto cerebral
Si sospecha alguien está teniendo un infarto cerebral, hágale la siguiente prueba:
Pídale que se sonría. Si lo hace de un solo lado, ¡alarma! Pídale que levante ambos brazos. Si no puede levantar ambos, ¡atención!
Pídale que repita una oración. ¿Habla enredado, no la puede repetir? ¡No hay duda que está teniendo problemas con el habla! ¡Corra al hospital! El tiempo apremia. ¡Las células del cerebro están muriendo!